Ejercicio de clase/ Simon Rattle: música y arquitectura.

El otro día realizamos un ejercicio de clase un tanto peculiar; nuestro profesor, Antonio Juárez, nos dijo que consistía en que colocáramos las tizas encima de la mesa, en fila, y que las observáramos durante quince minutos, para después, en otros cinco minutos, escribir en una hoja las conclusiones que habíamos sacado respecto a ellas en ese tiempo.

Al principio pensé que doce tizas no podían ser tan interesantes como para estar 15 minutos mirándolas, observándolas. Lo primero que quise fue manipularlas, cambiarlas de sitio, de posición… pero se nos dijo que eso no era necesario, que bastaba con que las miráramos. La verdad es que cada una tenía su peculiariedad; algunas tenían pequeños rasguños producidos por los movimientos en el interior de la caja en la que estaban; tenían unas manchas rosas que no sé exactamente por qué estaban ocasionadas. Pensé también en cogerlas y ponerme a dibujar, la verdad. Este ejercicio me parecía un tanto absurdo, y en la hoja que nos dieron después para que escribiéramos lo que habíamos percibido, no dije mucho.

Pero luego, al llegar a casa, en el autobús, intenté probar el mismo método: empecé a observar las cosas de mi alrededor detenidamente, y empecé a sacar conclusiones a las que no había llegado hasta el momento. Concentrarse en un objeto te hace pensar en por qué estará hecho así, por qué tendrá esa marca, por qué esa textura… y lo entendí todo.

La observación, junto con el dibujo, son los pilares fundamentales para entender cualquier forma de la naturaleza.

Después de hacer este ejercicio, vimos un documental muy interesante sobre un director de orquesta llamado Simon Rattle. Lo volví a ver en casa porque, la verdad, me pareció increíble la relación que estableció entre la historia de Europa y la música de la misma época. Mientras Adolf Loos se olvidaba de los adornos y optaba por la función frente a la forma, Schönberg y Mendelsohn simplificaban el sistema de composición. Adiós a lo armonioso, un punto y final que muy bien supo poner Wagner con su obra “Tristan e Isolda”.

Simon-Rattle

Sin duda, una buena clase.

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